Entrañable Sam

29 10 2008

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….

– Lo de ir de viaje para ir a verla está chungo. El billete carísimo y creo q se ha echado novio….

– Vaya novedad! yo que ya empezaba a creer que lo que le iban eran las chicas

– Si? te da esa sensación?

– No en principio, pero pasar por África sin dejarse seducir por los muchachotes es una prueba cuasi definitiva

– No, ya tuvo sus rollitos

Ahhhhhh, qué callado se lo tenía

Hombre, está muy bien educada y es una mujer discreta. Sam fue uno de ellos

– El querido Sam. Yo creo que Sam ha pasado por tod@s. O se l@s ha pasado a tod@s. Yo incluido

Pues creo q sí y el q esté libre q tire la 1º PIEDRA

– Jejej. Asi q tu tb, querida???

– Cariño, no lo sabias?

– Jajajja. No

Sí, fue el 1º en Guinea

– Es un as

– Pues yo nunca lo he ocultado. Lo sabía hasta su mujer…..

– Jejej. Quizás me lo contaras pero lo había olvidado…

….

….

 

Sam tuvo una época en la que andaba salido, o algo así. Al menos un poco más que de costumbre. Recuerdo que solía venir a nuestra terraza preferida, siempre bien acompañado de una o varias muchachas, que podrían ser incluso menores que sus propias hijas. Les compraba unos refrescos y se dedicaba a otra cosa. Lo importante era lucir de conquistador.

 

Nuestra terraza era un lugar discreto. No había luz ni en la calle ni en el bar. Así que las mesas quedaban en una agradable penumbra desde la que se podía observar las idas y venidas de las gentes desde la mas absoluta impunidad, en el mejor estilo mediterráneo, pero trasladado al corazón de África.

 

Así cuando reconocías a alguien que querías ver simplemente le llamabas y si no, simplemente permanecías callado, al abrigo de las sombras.

 

Así volvía yo una noche ya para casa cuando Sam me llamó.

 

          Siéntate

          No, Sam que es tarde y mañana tengo trabajo. Y tu siempre me lías

          Tómate una cervecita que te tengo que decir algo

 

No era difícil convencerme

 

          Y que quieres decirme?

          Pues que me tienes loco

          Qué dices? Estás enfermo? Y desde cuando?

          Desde hace mucho. Mira, mira…

 

Y empezó a andarse en la entrepierna, abriéndose la bragueta.

 

          Pero qué haces?

          Demostrarte cómo me pones

          Pero se van a dar cuenta todos y tus amigas las primeras…

          Andad a comprarme un paquete de cigarrillos

 

Era evidente, por los gestos de sus brazos que estaba sacándose la polla

 

          Dame tu mano

          Sam por favor

          Que me la des

 

Y me la cogió y la condujo, por debajo de la mesa, hacia sí. Toqué y palpé una polla suave y turgente. Era de aquellas que solemos llamar “como una olla”, de cuerpo ancho y convexo y con un glande libre, de bordes cortantes y achaparrado (a modo de tapadera de la olla, je!). Estaba caliente y al contacto con mi mano empezó a dar pequeños saltitos.

 

          Muévela

          Sam, estás loco- le decía yo, pero sin retirar la mano, disfrutando del peligro

          Solo un poco

 

Y yo se la movía con una mano y con la otra bebía mi cerveza. Y el suspiraba sin vergüenza alguna. Hasta que sus muchachas volvieron con el tabaco.

 

Y así Sam me acostumbró a los juegos eróticos públicos y un día, en plena noche, me llevó a las ruinas de las casas de sus abuelos, detrás de la suya y nos lo montamos. Salvajemente. A su estilo. Pero eso ya es otra historia

 

Entrañable Sam…   

polla-como-una-olla


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