En el patio de atrás

23 10 2008
va a llover va a llover

va a llover va a llover

Mientras escribo le noto moverse y esperarme en el patio de atrás. Llueve y sabe que saldré a supervisar que no perdamos ni una gota, ahora que la lluviosa justo empieza, el pozo está vacío y conseguir agua todavía requiere un esfuerzo desmedido.

Pronto hará un año que empezó a trabajar como guardián de la casa y chico para todo. Y aunque no lo era tenía el cuerpo de adolescente. De hecho es común en África que los chicos tarden en echar cuerpo. Debe ser cosa de las hormonas.  Y de la nutrición, porque en cuanto empezó a vivir en la pequeña habitación del patio y a tener acceso a las sopas de tía Ana, empezó a desarrollarse que ha sido un primor ser testigo.

Bueno las sopas y los aparatucos que empezó a fabricarse. Un día me pidió la batería que había cambiado al grupo y se puso a fundir el plomo. Cuando lo tuvo líquido lo vertió en un bote vacío de leche y antes de que se enfriara le clavó una pequeña barra de hierro. Luego repitió la operación y obtuvo una pesa pesadísima con la no para de hacer bíceps.

Con dos bloques de cemento y una barra mas larga se hizo otras pesas de esas como de halterofilia. Y las sube y las baja y yo me pongo ciego de hacerle fotos que me sirven luego de modelo para mis acuarelas

Otro invento del TBO fue hacerse con una rueda vieja de bici, una cuerda, una piedra y una rueda dentada de hierro una especie de levanta peso. Así que el muchachote se le ha ido poniendo un  cuerpo de vicio… y yo he sido un testigo afortunado del proceso.

En las últimas semanas hemos cogido la costumbre de quedarnos charlando después de apagar el generador. De tonterías, como si va o no a llover o de lo que han visto en clase. Pero conforme hablamos el se relaja y se empieza a medio tenderse en la baranda o en las escaleras, como si se me ofreciera. Yo, que ni he querido ni podido vencer la tentación, me pongo a apoyar mis manos en su cuerpo, a darle caricias suaves, a palpar su musculatura y el lo acepta complacido.

La noche pasada acabamos abrazados y el se reía y no se apartaba, a excepción de las caderas que mantenía alejadas de las mías hasta que en un roce efímero me di cuenta que en realidad estaba ocultando su erección. Así que empujé hasta que quedó apoyado en la pared, nuestros pubis se unieron y las erecciones -también la mía- no pudieron disimularse. Y nos quedamos un  rato así, quietos, disfrutando de la cercanía y el cariño…

Desde ese día yo creo que ambos esperamos con expectación la hora de apagar las luces


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