A mi exacta medida

16 10 2008

Mi amante tiene la piel del color del chocolate con mucha leche y de una textura similar a la de la porcelana que acaba de contener una infusión caliente.

Lo conocí en una fiesta de esas que hacen los expatriados y en las que solo admiten africanos “de confianza”, es decir pocos. Estaba yo sintiéndome un poco fuera de lugar, me aburría ir de grupillo en grupillo de blancos (que manía tienen de hacer fiestas para ponerse a hablar!!) , y echando a faltar cuerpos danzantes, cuando el me lo notó y se acercó a ofrecerme una copa de vino.

Acudió al día siguiente a mi casa y nos pusimos a hacernos amigos: El primer acto íntimo consistió en invitarme a formar parte de la delegación de su familia en el acto de su presentación ante la el padre de la chica a la que había dejado embarazada. Supuestamente. Porque su única relación fue después de una fiesta y considerablemente bebidos. Pero ella se empañaba y el decidió seguir la tradición, a la espera del nacimiento y de poder comprobar si en realidad el hijo se le parecía.

Y nuestra primera relación sexual tuvo lugar en un hotel de la ciudad a la que el había acudido para cuidar a su madre enferma y yo por trabajo. Habíamos tomado unas cañas y le invité a mi habitación. Le pedí que se quitara la camiseta para hacerle unas fotos. Admiré su torso y palpé sus músculos. Cuando le abracé y el me besó supe que la suerte estaba echada.

Desde entonces nos hemos querido y nos hemos amado en los pocos espacios en que la salud de su madre le ha permitido venir a mi. A medida que nos hemos ido desarrollando como amantes se ha ido acostumbrando a chuparme la polla y a meterme la suya. Tiene la medida exacta que yo necesito para poder introducírmela sin que me ponga las almorranas al límite. Pero es que además es capaz de hacerme una felación al mismo tiempo que me mantiene penetrado, algo que no sé si será muy habitual pero que a mi no me había acontecido nunca. (se admiten opiniones).

Nos vamos a separar pronto y como siempre acontece, cuando mi contrato acabe y me vuelva a casa, lo haré pensando que también en esta parte de África encontré quien sin aspavientos y sin necesidad de definiciones de género, fue capaz de darme placer, amor y, sobre todo y ante todo, mucha alegría.


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